Soluciones prácticas #2


Continuamos observando, descubriendo que ciertos personajes y ciertas eventualidades suscitadas a nuestros alrededores, que por lo regular son molestas caries que impiden la tranquilidad que usted y yo tratamos de mantener en nuestra vida. Realmente podríamos vivir, ya no digo en un mundo… En una ciudad hermosa. Qué bello sería tener el poder de sustraer esas caries de un solo tirón, poder andar entre nuestras calles y plazas sin múltiples incomodidades; entre otras, los plaqueros, a quienes denominaremos a partir de ahora, artistas de calle.
Qué bonita sería esta ciudad tanto para quienes vivimos en ella como para los visitantes, si sus plazas, puentes y demás estructuras públicas no se vieran mermadas por esa especie de contaminación visual generada por ciertas obras de arte que no son de comprensión absoluta.
Sin embargo, creo también en que todos tienen derecho a una forma de expresión, a un lugar para plasmar algo. Creo en el arte. Habría entonces que reservar un espacio en el que se les permitiera a estos artistas de calle pintar todo lo que deseen.
Oppenheimer propone la creación, entonces, de un espacio de libre expresión. Habría que construir un barrio extenso con muchas paredes para pintar. Gradualmente, sería cuestión de llevar a todos aquellos artistas de la calle a ese gran barrio en el que podrán desenvolverse entre otros individuos de su misma corriente artística.
Finalmente, cuando se tenga ya reubicado a este gran grupo de artistas de la calle en el barrio construido especialmente para ellos, se llevaría a cabo un último paso que aseguraría el que ellos no se quedaran sin un espacio para el arte: El levantamiento de un firme muro de ladrillo y concreto que rodeé el barrio completamente; todo un gran muro de varios metros de alto, sin puertas ni ventanas que pudieran entorpecer la utilización de semejante lienzo, y que no permita el que ellos salgan y se distraigan en otras actividades; un sólido muro sobre el cual podrían pintar y pintar, sin temer ser arrestados, sin molestar a las demás personas por el resto de sus vidas.
¿Y por qué no? Oppenheimer, propone.
Oppenheimer